- ¿Sabes, Francisco? A veces creo
que todos estos esfuerzos no van a servir para nada. Es como si todo el
absolutismo se riera de nosotros, junto con la Iglesia y los franceses y para
colmo de males está ese Borbón, al acecho, esperando su oportunidad para caer sobre nosotros, el
muy bandido, es un zorro traidor.
- Bueno Teodoro, no te pongas catastrofista, no ahora. Llevamos desde
agosto debatiendo y mientras tanto esos franceses lanzando sus malditos artefactos
sobre nuestras cabezas y, por si fuera poco, la mitad de nuestros combatientes
amarillos de enfermedad. No pongas más zancadillas a nuestro propósito, cenizo.
- ¿Y qué me dices de esta tierra? El
calor es soporífero, y la humedad que nos rodea casi es asfixiante. A todos los
diputados nos brilla el rostro por esta sudoración incesante. Es como si la
capa de sudor hubiera atrapado nuestros cuerpos y nuestras mentes, en una
suerte de embalsamamiento que nos impide avanzar en nuestro propósito.
- ¡Calla! Que viene por detrás Montero el clérigo, deseando está de
oírnos decir cosas así para excomulgarnos; sabe que a muchos no nos gusta esto
del estado confesional católico. ¡Otro Lastre, Teodoro!
- ¿Pero qué dices, Ramón? No podemos desvincularnos de la Santa Iglesia
Católica, tú mejor que nadie lo sabes, que eres comerciante.
- Buenos reales me hacen ganar estos curatos, les gusta el buen yantar.
Pero con el tema de las tierras son duros, se hacen con la propiedad de la península,
ya verás; porque en las Américas ni saben lo que tienen…
- El caso es que estamos en una ciudad asediada gestando una Constitución
asediada. Y no dudes, Ramón, de que esto es lo que quieren: que nos desmoralicemos,
que cejemos en nuestro empeño de liberar España del yugo absolutista, que el
pueblo sea soberano. Saldremos adelante, sí, con enfermedad, sudor y lágrimas,
pero ¡la constitución liberal será una realidad!
- Y no estaría mal que las Cortes vuelvan a Madrid; esta bahía, por mucho
puerto que tenga, no es sitio para gobernar.
- Razón tienes, Ramón. No obstante hay que promulgarla antes del Viernes Santo,
no podemos demorarnos más.
- Tranquilo, Teodoro, con suerte para San José, que es una semana antes,
estamos disfrutando de nuestra monarquía constitucional. Venga, que ya hemos
llegado.
- Pasa tu primero, Ramón, yo te sigo por detrás, no quiero que me vean el
gesto los demás diputados. Aún no me acostumbro a debatir nuestra soberanía en
un corral de comedias, parece una farsa. Se ríen de nosotros.
#UnahistoriadeEspaña
ResponderEliminarQué nivelazo, Beatriz. Muy muy muy bueno. Y por fin alguien que escapa del Siglo XX, guerra civil, transición, etc.
ResponderEliminar¡Enhorabuena! ¡Viva la Pepa!
Pelotismo ilustrado!
EliminarGracias Luis!! ¡Viva La Pepa!
Eliminar