lunes, 15 de octubre de 2018

Carta de amor


Toledo, 13 de junio de 2013

Mi querida Violeta, 
Esta mañana me he levantado con el impulso irrefrenable de decirte que te amo, pero al girarme en la cama y comprobar que no estabas no he querido que perder ni un ápice de esa fuerza y por eso te escribo esta carta.
Aún huele la almohada a tu pelo y siento que estás aquí, a veces casi te oigo respirar, es la magia que vive en nuestra casa, en nuestra cama, en nuestras caricias que son energía que no se va, se transforma en el café o en la luz que entra por la ventana, pero no me abandona en todo el día, siempre me acompaña.
Las mañanas pasan despacio, el trabajo y la vida es un mero trámite para llegar de nuevo a tu abrazo, a tu olor, al sonido que hacen tus pasos, tu risa, todo en ti es precioso. Incluso cuando me regañas por dejarlo todo en desorden, por llegar tarde, por olvidarme de las fechas, de los eventos, incluso en esos momentos tu belleza apacigua todo lo malo y yo me río y tú te enfadas más y me quieres tirar los platos, los vasos y yo me rio más y terminamos en la cama, siendo una sola persona, siendo lo que nos ha hecho vivir siempre, siendo nuestro amor.
Porque Violeta, mi vida, antes de conocerte yo ya te quería. Encontrarme contigo sólo vino a corroborar lo que yo ya sabía, que existías y que la vida tenía un sentido, haberte encontrado.
¿Dónde estabas en mi infancia? Me hubiera encantado tirarte de las trenzas, ¿Dónde estabas cuando fui a la Universidad? No habría aprobado ni una sola asignatura, me hubiera pasado los años mirándote estudiar en la biblioteca.
Ahora sé que mis amores antes de ti eran tan solo una prueba para intentar estar a la altura de tu cariño.
Todos los días te digo que te quiero, ¿o quizá ha habido alguno en que no lo haya hecho? Perdóname cielo, te lo diré hoy doscientas veces más para compensarte algún olvido.
Te envío esta carta a nuestra casa, llegará en dos días, quizá en tres, pero el tiempo no puede cambiar lo que siento en este momento, el tiempo no ha cambiado nada entre tú y yo, sólo nos ha hecho mayores. Ni si quiera tu ausencia ha cambiado nada nuestro amor, que ya no estés no es suficiente para dejar de amarte, que ya no existas tampoco, porque vives en cada rincón de mi memoria, en cada cosa que toco, en nuestra casa.
Nunca quité tu nombre del buzón porque nunca te has ido, me sorprendo muchas veces poniendo dos cubiertos en la mesa, te llamo cuando estoy en la ducha y se apaga el calentador y el agua fría me hiela la espalda, pero ahora ya no corres a encenderlo, muerta de risa como solías hacer. Ahora el agua fría me devuelve a la realidad de tu ausencia.
Hace 15 años que no estás, pero  soy feliz de que hayas sido mía, ya sabes que yo siempre he sido tuya, aún lo soy porque sin ti solo soy una mitad, la mitad de una viejecita de 68 años que da paseos con su perro, por eso voy despacio, porque sólo soy media persona. Tú te llevaste la otra mitad, o quizá lo que dejaste fue tu mitad, porque sin esa fuerza que me da el habernos amado tanto ¿de qué habría vivido yo estos años?
No te aburro más corazón, esperaré a que pase el día despacio hasta volver a tu lado, esta noche, en mis sueños, como todas las noches, como todos los días, Te quiero Violeta.
Siempre tuya,

Aurora.

lunes, 1 de octubre de 2018

Monsieur Moustache


Ricardo Rocha jugó en el Real Madrid dos temporadas completas, de 1991 a 1993. Trabajó duro, cortó pases que iban directos a puerta, marcó a los rivales más peligrosos y también marcó un gol en propia puerta contra el Tenerife que le costó al Real Madrid perder una liga.
Rocha fue un jugador trabajador y constante, hacía bien su trabajo y por supuesto lucía un maravilloso bigote. Rocha era la resistencia. Heredero de aquellos jugadores de los años 70 donde el bigote era tan habitual como las medias de jugar. Cuando Rocha llega al Real Madrid junto con Mikel Lasa, Luis Enrique y Prosinecki lo hace con un buen bigote, negro, tupido, enorme y tristemente único. Uno de los últimos bigotes que lució el Real Madrid fue el suyo. Y me pregunto por qué empezaron los jugadores a afeitarse los bigotes, ¡¿por qué?! Ese signo de virilidad y elegancia que es el bigote no puede desecharse así como así en un deporte como el fútbol. Me imaginaba a Luis Enrique o a Butragueño llorando en sus casas por la clara evidencia de ser imberbes y no poder lucir un bigote como el de Rocha. Así debería ser, pero no, lo que sucede es que el bigote comienza a ser una especie en vías de extinción hasta terminar desapareciendo.
Llevar bigote no era cosa fácil. Nada que ver con la nueva moda de las barbas de náufrago que gastan los jugadores de baloncesto, que parece que quisieran demostrar que sus barbas pueden ser tan largas como ellos mismos. No, el bigote no es eso. El bigote no es dejar crecer el pelo sin más. El bigote se cuida, se recorta, se entrena. Los bigotudos se afeitan la cara y conservan perfecto el bigote. El bigote se luce.
Rocha era bigote y defensa sí, pero qué bigote… recordaba a menudo Rocha la frase de Reinaldo De Sousa “Menos samba e mais trabalhar”, claro que sí Ricardo, con ese bigote lo que tú digas. Y es que el bigote transmite personalidad, ordena, manda, y ejecuta. Movimiento de bigote en La menor, en Re sostenido, bigote agudo y bigote grave. Cuando un bigote te roza, te cala hondo, te enamora, te embauca y ya no hay más. Estás a la merced del bigote.
Lo sabían, los alemanes lo sabían. Todos esos jugadores rubios, altos, grandes y con sus grandes bigotes. ¿Qué podía importar que Bernd Schuster tuviese un pelo laceo que le caía con desgana por detrás de las orejas como si quisiera dejar de existir? Nada, no importaba nada porque Schuster tenía un bigote frondoso, duro, teutón.
El propio Migueli no sentó la cabeza y se convirtió en una leyenda dentro del FC Barcelona hasta que no se dejó un buen bigote, o lo que es lo mismo, hasta que no pasó de niño a hombre.
¿Pudo Maradona ser más grande? Por supuesto que pudo, con bigote. A un Maradona con bigote la droga no le hubiera destrozado jamás. El bigote es salvaguarda de los vicios y protector de las almas perdidas, filtra lo malo y emana cosquillas, suavidad y amor.
El bigote es signo de firmeza, honor y seriedad. Vicente del Bosque es un bigote, incorrupto, implacable, serio, disciplinado y un amoroso padre de sus hijos. Siempre fiel a su bigote, Vicente del Bosque no se ha dejado llevar por las directrices de las modas, que nos son más que la manera que tienen los antibigotistas de acabar con el más natural y viril de los complementos del hombre.
Esos grupos anti vello sólo quieren la supremacía del hombre suave, terso, sin fuerza, sin personalidad, sin bigote. Odian a todos los que lucen bigote porque son víctimas de su impaciencia y de su imberbe desarrollo. Ese periodo que en algunos casos puede ser de meses en los que tarda en aparecer y crecer un bigote razonable es una eternidad para ellos, porque son críos, niños, inmaduros. ¿Qué son dos meses en la vida de un hombre? No son nada si los comparas con la maestría, la madurez y el buen saber hacer que va a provocar en un hombre tener bigote. Pero ellos no quieren esperar, no saben, se mueren de vergüenza con la barba de tres días así que deciden acabar con los bigotes “si yo no puedo tenerlo, nadie lo tendrá”.
Y entonces Martín Vázquez  que había empezado a jugar en primera división sin bigote, se lo deja crecer y después se afeita y ya han ganado. Lo saben, saben que es cuestión de tiempo y que el que quiera tener bigote desde ese momento será denostado, criticado y se reirán de él.
El fútbol moderno no puede ser serio, no puede ser fútbol. Solo es dinero, especulación y comercio. No hay bigotes en el fútbol moderno, siempre le va a faltar un poco de romanticismo, un poco de seriedad, un poco de bigote…
Iniesta con bigote habría marcado dos goles a Holanda, le llamarían Rompetechos y sería aún más leyenda de lo que es o será. Raúl con bigote habría tenido un homenaje en el Real Madrid como merecía y no esa fiesta cochambrera a trasmano y a la desesperada. Un bigote se respeta como se respeta a un capitán del Real Madrid. Cristiano Ronaldo está triste porque no tiene bigote, marca goles, hace regates imposibles, tiene un físico envidiable pero está triste y es por no tener bigote. Por la misma razón él y Messi y Neymar defraudan a hacienda, porque no tiene bigote. El bigote es solidario, piensa en el equipo, en los ciudadanos, en todos. Un hombre con bigote no defrauda a hacienda, no al menos conscientemente.
Los bigotes, como los buenos valores, se están perdiendo y si no hacemos algo estaremos abocados a una sociedad egoísta, intolerante, llena de miedos y de prejuicios y vacía de bigotes.
Decía Félix Rodríguez de la Fuente que había que hacer algo “para que en las noches españolas no dejen de escucharse los hermosos aullidos del lobo”, quiero ir más allá, hay que hacer algo “para que en las mañanas españolas dejen de afeitarse los incipientes bigotes masculinos”. Ya hablaremos otro día del bigote femenino, adelanto que es verdadera devoción la que tenemos en este pueblo por Frida Kahlo.

Beatriz Arrogante Vallejo, óleo de mujer con bigote sobre lienzo.

Pascuas en el pueblo.

Hace un frío que pela en el monte, el mismo frío o más que en el seminario. Pero sarna con gusto no pica y, con la Beretta en mano y dos con...