Ricardo Rocha jugó en el Real
Madrid dos temporadas completas, de 1991 a 1993. Trabajó duro, cortó pases que
iban directos a puerta, marcó a los rivales más peligrosos y también marcó un
gol en propia puerta contra el Tenerife que le costó al Real Madrid perder una
liga.
Rocha fue un jugador trabajador y
constante, hacía bien su trabajo y por supuesto lucía un maravilloso bigote.
Rocha era la resistencia. Heredero de aquellos jugadores de los años 70 donde
el bigote era tan habitual como las medias de jugar. Cuando Rocha llega al Real
Madrid junto con Mikel Lasa, Luis Enrique y Prosinecki lo hace con un buen
bigote, negro, tupido, enorme y tristemente único. Uno de los últimos bigotes
que lució el Real Madrid fue el suyo. Y me pregunto por qué empezaron los
jugadores a afeitarse los bigotes, ¡¿por qué?! Ese signo de virilidad y
elegancia que es el bigote no puede desecharse así como así en un deporte como
el fútbol. Me imaginaba a Luis Enrique o a Butragueño llorando en sus casas por
la clara evidencia de ser imberbes y no poder lucir un bigote como el de Rocha.
Así debería ser, pero no, lo que sucede es que el bigote comienza a ser una
especie en vías de extinción hasta terminar desapareciendo.
Llevar bigote no era cosa fácil.
Nada que ver con la nueva moda de las barbas de náufrago que gastan los
jugadores de baloncesto, que parece que quisieran demostrar que sus barbas
pueden ser tan largas como ellos mismos. No, el bigote no es eso. El bigote no
es dejar crecer el pelo sin más. El bigote se cuida, se recorta, se entrena.
Los bigotudos se afeitan la cara y conservan perfecto el bigote. El bigote se
luce.
Rocha era bigote y defensa sí,
pero qué bigote… recordaba a menudo Rocha la frase de Reinaldo De Sousa “Menos samba e mais trabalhar”, claro que
sí Ricardo, con ese bigote lo que tú digas. Y es que el bigote transmite
personalidad, ordena, manda, y ejecuta. Movimiento de bigote en La menor, en Re
sostenido, bigote agudo y bigote grave. Cuando un bigote te roza, te cala
hondo, te enamora, te embauca y ya no hay más. Estás a la merced del bigote.
Lo sabían, los alemanes lo
sabían. Todos esos jugadores rubios, altos, grandes y con sus grandes bigotes.
¿Qué podía importar que Bernd Schuster tuviese un pelo laceo que le caía con
desgana por detrás de las orejas como si quisiera dejar de existir? Nada, no
importaba nada porque Schuster tenía un bigote frondoso, duro, teutón.
El propio Migueli no sentó la
cabeza y se convirtió en una leyenda dentro del FC Barcelona hasta que no se
dejó un buen bigote, o lo que es lo mismo, hasta que no pasó de niño a hombre.
¿Pudo Maradona ser más grande? Por
supuesto que pudo, con bigote. A un Maradona con bigote la droga no le hubiera
destrozado jamás. El bigote es salvaguarda de los vicios y protector de las
almas perdidas, filtra lo malo y emana cosquillas, suavidad y amor.
El bigote es signo de firmeza,
honor y seriedad. Vicente del Bosque es un bigote, incorrupto, implacable,
serio, disciplinado y un amoroso padre de sus hijos. Siempre fiel a su bigote,
Vicente del Bosque no se ha dejado llevar por las directrices de las modas, que
nos son más que la manera que tienen los antibigotistas
de acabar con el más natural y viril de los complementos del hombre.
Esos grupos anti vello sólo quieren la supremacía del hombre suave, terso, sin
fuerza, sin personalidad, sin bigote. Odian a todos los que lucen bigote porque
son víctimas de su impaciencia y de su imberbe desarrollo. Ese periodo que en
algunos casos puede ser de meses en los que tarda en aparecer y crecer un bigote
razonable es una eternidad para ellos, porque son críos, niños, inmaduros. ¿Qué
son dos meses en la vida de un hombre? No son nada si los comparas con la
maestría, la madurez y el buen saber hacer que va a provocar en un hombre tener
bigote. Pero ellos no quieren esperar, no saben, se mueren de vergüenza con la
barba de tres días así que deciden acabar con los bigotes “si yo no puedo
tenerlo, nadie lo tendrá”.
Y entonces Martín Vázquez que había empezado a jugar en primera
división sin bigote, se lo deja crecer y después se afeita y ya han ganado. Lo
saben, saben que es cuestión de tiempo y que el que quiera tener bigote desde
ese momento será denostado, criticado y se reirán de él.
El fútbol moderno no puede ser
serio, no puede ser fútbol. Solo es dinero, especulación y comercio. No hay
bigotes en el fútbol moderno, siempre le va a faltar un poco de romanticismo,
un poco de seriedad, un poco de bigote…
Iniesta con bigote habría marcado
dos goles a Holanda, le llamarían Rompetechos y sería aún más leyenda de lo que
es o será. Raúl con bigote habría tenido un homenaje en el Real Madrid como
merecía y no esa fiesta cochambrera a trasmano y a la desesperada. Un bigote se
respeta como se respeta a un capitán del Real Madrid. Cristiano Ronaldo está
triste porque no tiene bigote, marca goles, hace regates imposibles, tiene un
físico envidiable pero está triste y es por no tener bigote. Por la misma razón
él y Messi y Neymar defraudan a hacienda, porque no tiene bigote. El bigote es
solidario, piensa en el equipo, en los ciudadanos, en todos. Un hombre con
bigote no defrauda a hacienda, no al menos conscientemente.
Los bigotes, como los buenos
valores, se están perdiendo y si no hacemos algo estaremos abocados a una
sociedad egoísta, intolerante, llena de miedos y de prejuicios y vacía de
bigotes.
Decía Félix Rodríguez de la Fuente que había que hacer algo
“para que en las noches españolas no dejen de escucharse los hermosos aullidos
del lobo”, quiero ir más allá, hay que hacer algo “para que en las mañanas
españolas dejen de afeitarse los incipientes bigotes masculinos”. Ya hablaremos
otro día del bigote femenino, adelanto que es verdadera devoción la que tenemos
en este pueblo por
Frida Kahlo.
Beatriz Arrogante Vallejo, óleo de mujer con bigote sobre
lienzo.